Albert Einstein afirmaba que “la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y los países, porque la crisis trae progresos”. Si analizamos los acontecimientos sobrevenidos en 2020, podemos confirmar que la tesis del científico parece cumplirse, una vez más. Estamos inmersos en una grave crisis sanitaria, económica y social, cuyo alcance aún no podemos definir, pero que, al mismo tiempo, ha obligado a repensar y acelerar procesos que abren grandes oportunidades de evolución hacia un nuevo modelo social y económico, más inclusivo e igualitario para todos. La accesibilidad digital universal es clave para conseguirlo.
En los últimos meses, hemos asistido a la puesta en valor de las personas y su bienestar, por encima de consideraciones económicas y políticas; al impulso de la responsabilidad empresarial desde la acción y el convencimiento; al incremento de los esfuerzos en investigación científica; al refuerzo de la conectividad online, al tiempo que la movilidad física se limitaba, y a una aceleración sin precedentes de la transformación digital. Los expertos estiman que, en solo nueve meses, se ha logrado un salto en digitalización que, sin la irrupción de la pandemia, habría requerido de, al menos, cinco años.
Este impulso de las nuevas tecnologías ha permitido mantener el contacto social y la actividad económica. Pero, también, ha dado visibilidad a dos problemáticas ya existentes: la brecha digital y las debilidades en la integración laboral real.
Accesibilidad y competencias
Las estadísticas de 2020 reflejan que las personas con discapacidad están sufriendo especialmente la crisis provocada por la pandemia en el empleo: se ha registrado la primera caída en su contratación desde el año 2012, con la consiguiente pérdida de diversidad, valores y talento en las empresas. En cuanto a la brecha digital, un informe de la Fundación Adecco -publicado en mayo de 2020- concluye que afecta al 45% de las personas con discapacidad, debido a factores de tipo económico, formativo o social.
En este contexto, Fundación Adecco hacía un llamamiento a «empresas y poderes públicos al desarrollo de acciones que garanticen, no solo la conectividad de las personas con discapacidad, sino la asequibilidad -económica- y accesibilidad de las nuevas tecnologías, adecuando tanto los contenidos como sus competencias tecnológicas».
Lo cierto es que las nuevas tecnologías han jugado, en los últimos años, un papel clave para lograr avances en autonomía y calidad de vida de las personas con discapacidad, así como en su integración en entornos profesionales.
Factores aceleradores
Se está produciendo un crecimiento exponencial de la oferta de soluciones tecnológicas centradas en el día a día de las personas -conectividad, ocio, salud, compra online, deporte, formación…-, tanto por parte de grandes firmas multinacionales como de emprendedores que han desarrollado su modelo de negocio en torno a la integración y la accesibilidad. Gran parte de ellas se están concretando a través de aplicaciones para teléfonos móviles, lo que las hace más asequibles y fáciles de utilizar.
En el mundo laboral, la implantación masiva del teletrabajo puede actuar como factor acelerador de la inclusión, al eliminar barreras físicas. Pero, para ello, debe integrarse en la empresa con una visión transversal, garantizando una transformación digital inclusiva, con soluciones accesibles y perfiles profesionales adaptados a personas con discapacidad. Los retos pasan no solo por los propios desarrollos tecnológicos, sino por el acceso a la formación en competencias digitales básicas y en perfiles tecnológicos de alta demanda, que garanticen la adaptación a las necesidades reales de las empresas.
Alianzas por un mundo igualitario
Es clave actuar, y hacerlo ya, para que la digitalización no deje a nadie atrás. Contamos con los recursos y el conocimiento necesarios para conseguir que las nuevas tecnologías operen realmente como motor de inclusión social y laboral de las personas con discapacidad, sobre la base de la accesibilidad universal. Esta es la razón de ser de esta Cátedra, concebida como punto de encuentro y generación de sinergias y nuevos proyectos entre el sector público, la universidad, la empresa y las personas con discapacidad. Estamos convencidos de que, uniendo esfuerzos, conseguiremos convertir la crisis en oportunidad y avanzar hacia un mundo más inclusivo e igualitario.